Preparar a los hijos, comprobar que nadie olvida nada antes de salir de casa y llegar puntuales puede convertirse en una pequeña carrera contrarreloj. Mientras alguien busca una mochila, los adultos intentan comprobar que llevan las llaves. En medio de las prisas, es fácil que las reglas de seguridad queden en segundo plano.
Todos los riesgos de seguridad en casa y cómo prevenirlos
Convertir ese momento de comprobaciones en una rutina familiar podría reducir despistes y enseñar hábitos que los niños podrán aplicar a medida que crezcan.

La responsabilidad de proteger la vivienda siempre corresponde a los adultos, pero los más pequeños pueden aprender por qué la familia sigue determinados pasos antes de marcharse.
Además, las rutinas aportan previsibilidad y pueden hacer que los momentos más ajetreados resulten menos estresantes. UNICEF explica que la repetición ayuda a los niños a aprender y comprender lo que ocurre a su alrededor.
Entonces, una secuencia breve, clara y adaptada a la edad suele funcionar mejor que una larga explicación pronunciada una sola vez.
Crea una secuencia que puedan recordar
Una rutina de seguridad debe ser lo bastante sencilla como para repetirla cada día. Puedes resumirla en cuatro acciones: recoger, comprobar, cerrar y esperar. Estas palabras sirven como guía y evitan que cada salida se convierta en una lista diferente de instrucciones.

El primer paso consiste en (1) recoger lo necesario. La mochila, el abrigo, el agua o cualquier objeto que el niño vaya a utilizar deben estar preparados antes de abrir la puerta.
Así evitáis tener que volver a entrar en casa porque alguien se ha dejado algo.
Después, llega el momento de (2) comprobar. Los adultos deben revisar ventanas, grifos y aparatos que puedan haber quedado encendidos. Los niños pueden acompañar esta revisión con tareas apropiadas para su edad, como confirmar que han guardado sus cosas o avisar si ven una ventana abierta.

Los electrodomésticos, las llaves de gas y otros elementos delicados deben quedar siempre bajo la supervisión de un adulto.
Por último, todos salen, (3) se cierra la puerta y los niños (4) esperan junto al adulto mientras este comprueba que ha quedado bien cerrada.
La regla puede expresarse con una frase fácil de recordar: “Primero salimos todos y después cerramos”. También conviene incluir a las mascotas en el recuento para evitar que puedan escapar en el último momento.
@dogdiestro Como enseñarle a tu perro a no salir cada vez que abres la puerta 🐕🚪 #adiestramientocanino #perroeducado #educadorcanino #perros ♬ sonido original - Joseph Ramirez | Dogdiestro
Enseña qué hacer con las llaves y la alarma
Adicional a esos cuatro pasos estratégicos, hay algunas cosas relacionadas con la seguridad que sería importante enseñar a los niños según su edad.
Las llaves no deberían considerarse un juguete ni llevar información que permita relacionarlas fácilmente con la vivienda. Si el menor ya tiene edad para llevar una copia, debe contar con un lugar fijo y seguro para guardarla.
También debe saber qué hacer si la extravía: avisar de inmediato a un adulto de confianza y no intentar resolver la situación por su cuenta. Es preferible que conozca esta instrucción de antemano para que el miedo a un regaño no retrase el aviso.
Si la casa dispone de alarma, el momento de activarla puede incorporarse a la rutina. Primero se comprueba que todos han salido y, después, el adulto activa el sistema.
El código de seguridad, si es que esa alarma lo necesita, debe tratarse como cualquier otra contraseña. Es decir, no se dice en voz alta delante de otras personas, no se apunta en un lugar visible y no se comparte con amigos.

INCIBE aconseja enseñar a los menores a proteger su información privada y utilizar correctamente las contraseñas y demás opciones de acceso. Esta precaución también se aplica a datos familiares que puedan revelar dónde viven, sus horarios o sus rutinas habituales.
Al salir, hay que hacer una pausa
Como se sugería antes, cerrar la puerta no significa que la rutina haya terminado. Una de las normas más útiles es establecer un lugar en el que el niño deba detenerse y esperar: junto a la puerta de casa, delante del ascensor o en una zona concreta junto a la salida.
Esta pausa evita que se adelante mientras el adulto termina de cerrar o activar la alarma. En edificios con ascensor, los niños pequeños deben entrar y salir acompañados. En las escaleras, conviene bajar sin correr y utilizar el pasamanos.
Antes de llegar a la acera puede establecerse una segunda parada. El niño debe esperar al adulto antes de acercarse a la calzada, cruzar por los lugares habilitados y entender que no debe seguir caminando si pierde de vista a la persona que lo acompaña.

La Dirección General de Tráfico recomienda que los niños pequeños caminen de la mano de los adultos y permanezcan alejados de la calzada.
Los trayectos cotidianos también pueden utilizarse para practicar estas normas. La DGT señala que los paseos permiten enseñar conceptos básicos de seguridad vial y recordar a los menores cómo cruzar o interpretar los semáforos. No hace falta convertir cada salida en una lección: basta con repetir las mismas acciones y explicar brevemente su motivo.
Explícales cuándo deben llamar al 112
Los niños pueden aprender desde pequeños que el 112 sirve para pedir ayuda ante una emergencia real. Este número permite contactar gratuitamente con la policía, los bomberos o los servicios sanitarios desde cualquier país de la Unión Europea.
También deben entender que no es un número para hacer pruebas, bromear o resolver dudas cotidianas. Las actividades educativas impulsadas por la Comisión Europea buscan precisamente que los menores aprendan qué situaciones constituyen una emergencia y por qué el uso incorrecto de estos números puede tener consecuencias.

Además de memorizarlo, conviene practicar qué información tendrán que proporcionar: qué ha ocurrido y quién necesita ayuda. Después deberán escuchar las preguntas del operador y seguir sus indicaciones.
Estas conversaciones deben mantenerse en un tono tranquilo y adaptarse a la edad del niño. El objetivo es prepararlo para reaccionar si sucede algo inesperado, evitando generar una sensación constante de peligro.
Practica la rutina sin convertirla en un examen
La mejor manera de fijar estos hábitos es repetirlos. Durante las primeras semanas puedes nombrar cada paso en voz alta y dejar que los niños completen la frase siguiente. También podéis utilizar una lista con dibujos junto a la puerta hasta que la secuencia resulte familiar.
A medida que crezcan, sus responsabilidades pueden cambiar. Un niño pequeño puede ponerse el abrigo y esperar en el lugar acordado. Uno mayor puede recordar el punto de encuentro o revisar que lleva su tarjeta de transporte.
El UNICEF recomienda enseñar las tareas mediante pasos sencillos, tranquilos y adaptados a la edad y capacidad del menor.
Si alguien olvida un paso, basta con regresar a él sin dramatizar. La constancia, la orientación y el ejemplo ayudan a consolidar el aprendizaje. Con el tiempo, recoger, comprobar, cerrar y esperar se convertirán en una secuencia automática para toda la familia.
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